sábado, 7 de noviembre de 2009

De cómo ve el mago Tolkien a los humanos.


Esto debería ser el comienzo de algún tipo de disertación bien sobre "El Señor de Los Anillos" y toda la obra literaria de Tolkien, centrándome fundamentalmente en las ideas de hombre que surgen en su obra, bien ampliando el contenido de estos pensamientos sobre como se puede pensar el hombre de múltiples maneras diferentes, acudiendo a diferentes ideas antropológicas emanadas de otros pensadores o en definitiva de otros escritores aunque solo sean disertadores de índole únicamente literario.
¿De dónde esta idea amplia de comprensión del hombre? Para comenzar tendría que tener una idea más clara de la validez de estos pensamientos como conocimientos aceptados como tales. El hecho es que no tengo esta idea ni de forma clara ni de forma confusa aún. Sin embargo intentaré seguir algunas líneas que pienso me ayudarán a no errar excesivamente en mi cometido: para comenzar la mayoría de mis fuentes que deberían llamarse "Sobre el Hombre" (véase "El Señor de los Anillos", "El Silmarillion", "El Camino", etc.) son de carácter literario. Esto quiere decir que no podré darles una estructura de sistema, al menos en la fuente de los pensamientos. Después de esta importante premisa existen algunas otras ideas que se desprenden de las fuentes de dónde pretendo sacar mis pensamientos. Para comenzar ¿porqué comenzar disertaciones sobre el hombre no tomando ciertos pensamientos más estructurados y racionales (al menos aparentemente) como Kierkegaard o Santo Tomás de Aquino o Sigmund Freud? Las razones son de método personal y se evidenciará que el tomar fuentes de un tipo u otro no es excluyente, esto es, puede ser que en ocasiones también sean fuente de inspiración de estos pensamientos antropológicos de carácter marcadamente filosóficos y sistemáticos (frente a un pensamiento literario, Kierkegaard es claramente sistemático), y esto es así porque en la concepción de la obra literaria existe un mundo generador de la misma (que no determina el universo antropológico propio de la obra) ya sea de forma consciente explícita o inconsciente implícita o sus múltiples puntos intermedios (no quiero complicar las formas en que un sistema filosófico o conjunto de ideas intervienen en la formación de las obras de los hombres), que será de gran ayuda en la comprensión de ciertos puntos de las diversas obras.
¿De dónde esta idea amplia de comprensión del hombre? ¿Porqué comenzar los pensamientos en fuentes literarias? Primero tomaré un pensamiento claro que se verá a través de las siguientes líneas que no carece de validez: no existen definiciones claras, sistemas completos que nos digan que es exactamente un hombre. No digo que no nos proporcionen ideas válidas para su comprensión sino solamente que en ningún caso han de tomarse como definitivas. Puede haber sistemas sobre el hombre, que siendo contrarios entre sí en un sentido lógico cuándo se toman en un sentido filosófico más tradicional de lo que es conocimiento son por otra parte compatibles e incluso puede que se ayuden firmemente desde el punto de vista que intentamos abarcar. Así ¿qué mejor forma de empezar a pensar sobre los hombres que a través de ideas literarias, ideas que no pretenden ser en absoluto sistematicidad ya que no es ese su fin, y que sin embargo estudian probablemente al hombre de una forma más veraz, independiente del intento de congelar al hombre en un conjunto de definiciones, fuertemente arraigadas en los sistemas personales de comprensión del mundo humano, y después desasidas de los mismos y ataviadas fuertemente con toda la experiencia natural y personal del escritor y con un ingente esfuerzo creativo e imaginativo? Podemos leer y comprender a un literato, con una visión del hombre desesperada, solitaria y existencialista y correlacionarla y compenetrarla (hacerla compatible) sin ningún problema con un visión optimista cristiana al estilo tomista sin incurrir en errores de contradicción lógica, pues la visión del hombre de la obra literaria no es en absoluto reducible al sistema inicial que aparentemente es el mundo filosófico del autor. En otras palabras, el sistema filosófico inicial del autor literario no comprehende la visión que emana de su obra, menos atada a problemas de tipo lógico o metafísico, sino más bien al contrario, puede que el sistema filosófico más o menos presente en la obra sea parte solo de lo que el autor piensa, e incluso difiera. Así encontraremos problemas apuntados en la obra de un autor que encuentren enriquecidos sus, llamemos, planteamientos iniciales. De lo anteriormente dicho hay que pensar que como además estoy tomando como un principio fundamental de la antropología que ningún sistema definitorio del hombre es definitivo pero si contribuyente al conocimiento del mismo, quizás sea precisamente la literatura una de las mejores fuentes ya que encontraremos una forma de construir una definición del hombre que no concluya nunca y sin embargo dé un conocimiento válido para nuestros propósitos.
¿Por qué Tolkien? Aquí se da fundamentalmente una elección guiada por el gusto personal, y en definitiva por la impronta que ha dejado su obra en mí. Al fin y al cabo ya he expresado que lo importante es empezar a construir. No pienso en absoluto que el hombre se agote en su obra, lo que no impide que vea en ella bien reflejada una cantidad de ideas sobre el mismo que me parecen enormemente acertadas. Creo que comprendo una buena parte de los pensamientos personales de Tolkien, sin embargo no me interesa ser objetivo, sino que he dado en una compresión más personal que es muy acorde con la lectura que hago de su obra, e incluso con el desarrollo de su obra (que pasa por etapas de juventud de una inquietud profunda y fundamentalmente estética, etapas posteriores de preocupación metafísicas y termina en pensamientos profundamente teológicos, como explica Christopher Tolkien, en el prólogo de 'El Silmarillion').
¿Por qué Tolkien? En principio es una obra que ya había leído a la edad de 14 años, y que volví a leer a la de 20, a la de 25, a la de 30 y a la de 34 (por solo mentar algunas de las lecturas). Cada vez que la he leído me ha parecido maravillosa en su sentido de la realidad, en su capacidad de abstraerte de tu realidad circundante actual y remontarte a tus principales pensamientos, independiente casi siempre de las edades citadas. Así tenemos que mi lectura comenzó por 'El Señor de los Anillos', siguió por 'El Hobbit', continuando por tres cuentos: 'Egidio, el Granjero de Ham', 'Hoja de Niggle', y 'El Herrero de Wooton Mayor', de los cuáles los dos últimos son gran valor definitorio, esto es, como ensayos y muestras de su pensamiento. Termino por ahora la lectura de la obra de Tolkien con 'El Silmarilion', monumental recopilación de las historias y canciones del mundo creado por él en su obra. Actualmente, además de haber leído alguna biografía, leo dos recopilaciones de cuentos inconclusos y otras obras editadas por su hijo ('El Silmarilion', aunque terminado de recopilar y editar por su hijo era una obra intencionada al final de su vida por J.R.R. Tolkien).
Si he conectado con su obra de esta forma creo que uno de los motivos hay que encontrarlo en cierta afinidad del pensamiento. Se le acusó en un momento concreto de la difusión de su obra de ser una obra que solo gustaba a personas con cierta afinidad con la metafísica (tomando este nombre con un sentido peyorativo, pensando en ese término como determinante de sistemas concretos, dígase por ejemplo el cartesiano, el de Aristóteles etc.). También se le acusó que sólo gustaba a gente con afinidad a las matemáticas. Creo que en parte estas críticas eran certeras, y el gusto por la sistematicidad y por los conocimientos bien ordenados y recopilados es un hecho claro en su obra predicado por él mismo en la descripción de los hobbits, en la caracterización de Bilbo Bolsón (un hobbit) y en la declaración reiterada (aunque innecesaria) de que él era un hobbit. Pero si bien la observación hecha por muchos era certera, no es menos cierto que la obra literaria expresa normalmente mucho más que esos caracteres indicados, estando fuertemente enriquecida por la imaginación, y en definitiva por toda la experiencia personal. No es menos cierto que esos sistemas tienen algo que decir por si mismos a una concepción del hombre mucho más en un ámbito dónde son considerados no determinantes sino comienzos de construcción.
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Comenzaré por un lugar de las preguntas que uno se hace en la obra que suele ser central tanto en interés que crea en nosotros como de hecho, pienso para cualquier tipo de análisis de cualquier obra de Tolkien. Me refiero a los personajes y a sus linajes. Veamos: hombres (Edain), elfos, hobbits, enanos, orcos y trasgos, pastores de árboles, los valar y los maiar y en general los ainur, en fin Ilúvatar. Seguro que en la lectura de su obra encontramos incluso personajes difícilmente encuadrables e incluso algún linaje no mentado.
Se pueden hacer análisis del tipo: Tolkien considera que los seres vivos se dividen en..., o bien que no son más que elementos heredados de otras mitologías (sin duda algo hay de las anteriores concepciones). Sin embargo cuando uno analiza en profundidad que es un elfo, descubre que en el fondo no es más que parte integral del hombre, de la misma forma que los hombres (Edain) de su constructo mitológico son también solo parte de lo que somos los hombres y así sucesivamente. Ninguno de los linajes 'humanos' que hay en Tolkien comprende el ser humano de manera realista. Sin embargo el conjunto de todos ellos hace una bella sinfonía de lo que puede ser el hombre.
Si bien he dicho que en su madurez (a partir de 'El Señor de los Anillos') Tolkien se consideraba un hobbit, bien es cierto que parece claro al menos dos cosas: se ve reflejado en un hombre errabundo, en un caminante que aparece al comienzo de todas sus obras: concretamente en La Cabaña del Juego Perdido, Eriol de la estirpe de Ëarendel (el hombre errante del mar, que es representado por la estrella de la mañana y del atardecer). Pues bien Eriol es un hombre errante, en busca siempre nuevos lugares, nuevos pueblos, nuevas maravillas que un día va a parar a una concepción temprana de Tol Eressea, La Isla Solitaria de los Elfos allende el Mar, cerca de Kôr (la posteriormente Aman, la tierra de Inmortales de los Valar). Él había recorrido desde Sudáfrica hasta Inglaterra, pero más propiamente había viajado por muchísimas lenguas europeas antiguas que las conocía a la perfección. Incansable en su saciedad por aprender de las maravillas de La Cabaña del Juego Perdido, encuentra a uno de los principales hacedores de las runas élficas: Rûmil, que será un personaje élfico que mantendrá hasta el final de sus días. Rûmil El Sabio, que dice de si mismo que ha aprendido las lenguas de los pájaros y de los animales y de los Valar e incluso de los monstruos y diablillos del Señor Oscuro en Angband mientras fue prisionero de él, dice, para así poder sobrellevar el cautiverio. Si me extiendo en esta somera descripción de Rûmil es porque de hecho es un personaje de honda caladura autobiográfica. Sobre Eriol, el caminante siempre en busca de las maravillas de Arda, hay que recordar el poema de Bilbo Bolsón, que hace referencia al viaje, a su cansancio y su deseo imposible de seguir por él (el camino sigue y sigue), y como otros habrán de seguirlo. Así creo haber encontrado un trío de personajes: Rûmil, Eriol y Bilbo Bolsón, de tres linajes diferentes dónde él está claramente reflejado en muchos aspectos y los tres son de linajes claramente diferentes.
Queda saber porqué esta división. Quizás sea la pregunta de más calado en la obra de Tolkien. Él mismo explica en 'El Silmarilion' claramente el significado de tres estirpes importantes: Hombres, Elfos y Valar. Hay que decir que va a mantenerse en su mitología que en los hombres hay rasgos divinos y élficos que los han dado la historia (sin dejar en ningún momento de ser los personajes hombres o elfos o valar).
Comencemos por los Elfos, quizás los más fáciles de comprender. Los elfos, (de apariencia completamente humana aunque más bellos, pero siempre veo en esa belleza no más que un traslucirse de su belleza interior), son inmortales: lo impone la naturaleza de su cometido. Los tres tipos más importantes de Elfos, los Eldar de Aman, son los Teleri, los Noldor y los Vanyar. Viendo los cometidos particulares de estos pueblos quedará una idea muy nítida de la relación del hombre (elfos) con el mundo (Arda).

Los Teleri son músicos, nostálgicos del mar, de las playas, de la Luz de los Valar y de todo cuánto viven. Viven los lugares y las cosas que quieren. La creación de Arda es un teofonía (una música divina). Así que son profundos y por sobre otras cosas aman, añoran, cantan, son felices. ¿Quién amaría las cosas que por medio de los Valar Ilúvatar ha hecho, quién la recordaría como si fuesen un pasado, quién tendría nostalgia del mundo que va pasando y acabando? Es propio de Arda ser amada, conocer su forma y sustancia íntima (la música). Esta tarea tiene sentido en cuanto que Arda exista, esto es, mientras el Tiempo dure, luego si la tarea de los Teleri es la dicha (son los amigos de Ulmo, el que mejor comprendió la música de Ilúvatar, sus protegidos) cada elfo de la estirpe de los Teleri es Inmortal pues su función es intemporal y coexistente con todo el Universo.
Los Noldor son los amigos de Aüle el Vala. Tienen un fuego interior que los lleva incansablemente a conocer. También de hacer. Conocen profundamente desde el cultivo hasta arte de hacer gemas preciosas, (más preciosas que las que se encuentran en la naturaleza). Conocen profundamente las lenguas, y las aprenden con rapidez y avidez. Para mí representan el conocimiento de las cosas, son la compresión que puede haber de ellas en todas las direcciones que puede haber. Al igual que los Teleri su tarea es prolongada y fatigosa tanto como el mismo mundo. De hecho en varios sitios de diferentes obras se dice que los elfos solo mueren, dice, por el cansancio de los trabajos del mundo (o por muerte violenta), aunque esa muerte no es real, ya que sus espíritus no salen de los confines de Arda y vuelven cuando sus heridas o cansancio ha sido reparado (una antigua concepción habla de que los padres se reencuentran en los hijos para los elfos). Es interesante ver como considera el conocimiento como una tarea infinita en el tiempo.
Por fin encontramos a los Vanyar, los hermosos elfos, amigos de Manwë. También ellos son versados en música, pero en música con palabras, esto es, en cantos, y en poesía. Admiran continuamente a Manwë Señor de Elfos y Valar, habiendo abandonado la ciudad de los elfos en Aman: Tirion sobre Túna, y viven al pie de Taniquetil, la Alta Torre de Manwë Señor de los Vientos, el Aire y el Éter. La tarea de admirar y de expresar creo que es tomada por Tolkien como la más creativa de todas, y también creo que tiene que ver con el desarrollo del Tiempo y la Constancia de la Historia. Encontramos por fin la más alta estirpe de elfos de la que no repetiremos la necesidad de su inmortalidad.
No olvidaremos por otra parte una buena parte de elfos que no están incluidos en las tres estirpes anteriores (quizás la mayoría). En ellos encontramos desde hacedores de herrería, cantores (el más grande de ellos es un elfo de Doriath, y canta el amor y la belleza de la mujer), como enseñantes de los hombres, aunque si he destacar algo (que se ve de forma más clara en 'El Señor de los Anillos' y en 'El Hobbit') es la de vivir profundamente compenetrados con el mundo, obteniendo una gran felicidad que no solo atesoran sino que también dan. A estos el conocimiento les llega por la experiencia de vivir a la par que Arda (el Universo) se desarrolla y despliega. Estos elfos (los elfos oscuros o calaquendi) pienso son los realmente indispensables. De hecho en más de una ocasión se habla de la falta de comprensión de los Valar de la Música de Ilúvatar, al intento de los Valar de llevar a los elfos a la tierra de Aman, como si hubiesen cometido un error, y estos elfos antes explicados fueran en parte una cierta perversión de la idea de elfo. Así los elfos deberían ser sabios y amar y expresar y cantar y antes que nada vivir. Vivir y experimentar Arda es desde luego la tarea primordial de los elfos. Pero se comprende que ese vivir no es tanto el vivir de alimentarse, crecer y multiplicarse común de los animales y hombres, sino vivir como seres inteligentes toda la grandeza de Arda hasta las minucias más pequeñas pero maravillosas. Ese vivir para admirar y comprender y amar y cantar es de sí una tarea inacabable en la vida de un hombre mortal, es de si tarea de todo el Tiempo de Arda. Así vemos que los elfos son criaturas que se enriquecen en todo lo que el hombre conoce como cultura a través del tiempo eviterno y a través de un profundo vivir y experimentar que es lo que hace de ellos criaturas maravillosas, positivas en la concepción de Tolkien, errantes en las diferentes tierras porque su hogar verdadero es toda Arda. Los elfos son los únicos seres de características humanas que realmente pueden disfrutar de Arda en el sentido más amplio de la palabra.
Por lo dicho su auténtica materia es más bien Arda, o mejor dicho su cuerpo es bien sincronizado con Arda completamente. La idea es difícil de expresar. Por ejemplo: aunque seres libres pues tienen inteligencia y voluntad, en la mitología de Tolkien tenemos que los elfos son sujetos a destino que para ellos es la Música de los Ainur. Esta idea no es recogida de forma consistente en la mitología pero sin embargo es clara y en alguna ocasión explícita. En ellos el mal puede confundir más o menos su espíritu, pero nunca darán un vuelco al mal. Ejemplo claro de esto es Fëanor, el elfo más poderoso y profundo que ha habido, aunque confundido, acomete actos malos pero nunca se le considera un ser oscuro, más bien una víctima de su destino. Por esto no comprenden a los Edain.
Sin duda los elfos son algo fundamental de lo que nosotros somos. El espíritu del mundo siendo a la vez mundo. Así el Universo creado es realmente vivo, ya que como en una concepción platónica (dualista) del hombre, Universo y Hombre (elfo) serían cuerpo y espíritu respectivamente. Así no se hace otra cosa que reflejar la profunda contradicción del hombre como ser que dado a la vivencia del mundo se ve cortado por la muerte y así no puede ser realmente espíritu del mundo. Sin embargo es una concepción de nosotros mismos que puedo asegurar es real y existencial. Planeas comprender el conocimiento, el hombre, escribir para expresar las distintas experiencias humanas, planeas construir, construir aparatos o sociedades o familias, planeas... Y la vida la obtenemos en nuestra esperanza de llegar a cumplir nuestros deseos de vivir y sin embargo está la evidencia que ninguno de estos planes es en si acabable en el plazo de la vida humana mortal. Por eso el elfo es un elemento mitológico fundamental en la obra de Tolkien, hombre que se ha dado al conocimiento de las lenguas y a través de ellas a la historia de los pueblos, se ha dado a las canciones y a las leyendas, se ha dado a la creación de submundos. Así, ¿quién mejor que Rûmil para cumplir su misión? Es quizás la frustración fundamental. Así lo veo yo en Hoja de Niggle. El artista pinta su Árbol. Su vida entera ha sido el intento de expresión de ese árbol pero la tarea se le antoja infinita. Más allá del mundo cumplirá su deseo de ver terminado su árbol, en el que verá muchas más cosas de las que en principio creyó ver, y ve colmado su deseo y su felicidad. En verdad esta visión del artista es la visión de un elfo sujeto a muerte, en definitiva una contradicción. Entrevemos como el problema de la muerte está presente en su concepción del elfo y del hombre. Habrá de inventar un linaje inteligente que efectivamente conozca la muerte no como la contradicción con la vida (así es en el elfo) sino como parte integrante de la misma. Pero los individuos de este linaje ya no serán fundamentalmente los hermosos seres que viven la creación. Han de ser seres que no sean en absoluto espíritu del mundo, pues su meta no es del mundo propiamente. Morirán en el sentido que su espíritu cruzará todas las esferas de Arda, y tendrá reposo solo en Ilúvatar (Dios).

Acabamos de definir y llegar a una nueva visión de hombre, el linaje de los Hombres, Edain.

Veamos: la muerte es el don de Ilúvatar a los Hombres. Ya que ellos no tienen su cometido atado a este mundo (Arda) encontramos que los Hombres no han de estar atados a Arda. Los Hombres tienen una corta vida tras la cual su espíritu transciende Arda, y (aunque no se indica expresamente en ningún lugar) tendrán descanso en Ilúvatar. Podemos decir que lo expreso de los Hombres es aparte del mundo. Lo tratan y lo viven de algún modo desde fuera. Por ello, los Hombres no están sometidos a destino, esto es, han de completar el mundo en forma y acto en cada una de sus acciones. Son seres realmente creadores. En ocasiones Tolkien dice que uno y el mismo son los dones de la muerte y del libre albedrío. Así los Hombres tienen algunos puntos en común con los Valar, que no los tienen los Elfos. Este libre albedrío los convierte realmente en dueños de su bien y de su mal, de forma que hay hombres que realmente se dan al mal, y como malos (oscuros, sirvientes del Señor Oscuro) son vistos. Además en numerosas ocasiones Tolkien expresa la incomprensión de los Valar y los Elfos de Hombres ya que éstos, al no estar atados a la Música de los Ainur, difícilmente son predecibles. El trato de los Valar con los Hombres es distante y nunca directo, y por otra parte el mismo Morgoth (Señor Oscuro primigenio) nunca llegó a dominar totalmente a sus huestes de hombres, siendo estos de voluntad esquiva a la suya propia. Huestes que una vez fueron fieles a él en algún otro momento remedan el mal hecho.
También se habla que la belleza de los Hombres es muy inferior a la de los Elfos. La significación vuelve a ser otra vez la de la belleza interior, la de su poder de conocer etc. Y es que el Hombre en ningún momento tiene una estancia prolongada sobre la Tierra. No conocerán en absoluto el mundo como los que son atados a él por todo el Tiempo, no podrán amar Arda de la misma manera, y en el fondo tampoco tendría sentido. Aquí vemos la terrible finitud e incapacidad con que Tolkien se ve a sí mismo en su tarea ‘élfica’. Es un ser de belleza muy limitada. Sin embargo, el Hombre lo que tiene a su llegada al mundo es eso, el mundo. Los Valar desde el principio vieron que precisamente ellos (los Hombres) iban a ser fácilmente engañados y confundidos. En toda la obra de Tolkien la muerte de los Hombres es la tarea principal en la que los Hombres se debaten, caen y resucitan su gloria (véase la historia de Númenor). La comprensión profunda de la muerte como parte esencial del cometido del Hombre, es algo que no llega a explicarse de forma extensa en la obra que describimos. Sin embargo es numerosas veces afirmado. Es un misterio fundamental. Cuando el hombre conoce o hace no es igual que en los Elfos. Todo lo que el Hombre hace o conoce es prefiguración de lo que encontrará después de su ida de Arda. Así lo interpreto yo a partir del cuento ‘Hoja de Niggle’. Al contrario que los Valar, que primero vieron en la mente (la música) de Dios y posteriormente desarrollaron en los confines de Ëa, los hombres primero ven en la tierra, prefiguran algo que solo será completado fuera de Ëa. Y si esto es así es porque lo que prefiguran es fundamentalmente trascendente, no mundano, que no podrá ser hallado en los confines de Ëa. Así el conocimiento de Elfos y Hombres, sus potencias son fundamentalmente diferentes, el Elfo es inmanente a Ëa (El Mundo Que Es) mientras que el Hombre es fundamentalmente trascendente a Ëa. Claro es que la trascendencia del Hombre es motivo fundamentalmente de misterio en que hay que confiar. A través de lo visto y hecho en Arda, prevé el Hombre su ‘destino’ (al modo de la rememoración de Platón). Así el Hombre es un espíritu inquieto, no en el sentido que los elfos se mueven constantemente por sus potencias por el mundo (al que están inextricablemente unidos), sino en el sentido fundamental de no conocer exactamente que busca, que desea, que ha de hacer con su vida. Es significativo que en la historia de la Tierra Media, halla Hombres que han realizado hazañas muy superiores a las que han realizado los elfos, siendo su tiempo y su capacidad en verdad muy inferior.
Aunque los Hombres creados por Tolkien son efectivamente hombres en el sentido cristiano de la palabra, Tolkien, creo yo, no queda muy convencido realmente de que en ese punto queden sus cuitas por definir un hombre. Y eso es porque su linaje de Hombres es realmente un linaje de Hombres ‘elficados’. En Tolkien la componente élfica del hombre es, al menos en muchas épocas de su vida, predominante, pareciendo en muchos momentos que el Elfo es el mejor yo del Hombre. Pero esto es profundamente contradictorio, así que llega a desbaratarse en muchos momentos. Fundamentalmente cuando afirma que la muerte no es un don sombrío, sino un auténtico don de Ilúvatar. Precisamente el Hombre se pervierte en el intento de ser inmortal, debido a su falta de comprensión del don dado a ellos por Ilúvatar. Para el Elfo Arda es fin de sus potencias, para el Hombre es solo material para la prefiguración de su auténtico cometido. El Hombre como tal se confunde al tomar al Elfo como ejemplo de lo que podría llegar a ser.
Por otra parte está un componente religioso importante en los Hombres. No dudo que se dé en los Elfos, sin embargo rara vez aparece tan explícito como en los Hombres de Númenor: en el centro de Númenor se construye el templo a Ilúvatar. No hay en toda la obra de Tolkien una mención más clara a un elemento religioso. Y es que el Hombre necesita ayudar su auténtico fin con elementos religiosos que lo hagan trascender, que le recuerden su auténtica esencia. Esto es completamente innecesario para los Elfos, ya que son inmanentes al mundo.

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¿Cómo compaginar dos formas tan terriblemente distintas del hombre? En principio no lo intentaremos. Inmanencia al mundo y espíritu del mismo de una parte, de otra, desvinculación y transcendencia absoluta (los Valar saben que los hombres tienen moradas en los palacios intemporales de Illúvatar, pero que será de los Elfos cuando el Mundo acabe, eso no lo saben).
Desde un punto de vista más metafísico, y siempre entendiendo un cierto neoplatonismo en la figuración del mundo de Tolkien, los hombres (Edain) tienen mucho que ver con los Valar. Así obtenemos como los Valar son pensamientos vivos de Illúvatar, que descienden generando el mundo (siendo de alguna manera de dónde éste emana), y siendo el hombre (Edain) generado ya en su aposento terrestre, su peculiaridad es que este aposento es preparación para ascender a lo desconocido (Illúvatar).
De la dualidad del hombre real en Edain-Elfo, no me quedan casi dudas. ¿Os acordáis de la casa de Eärendil, y sus descendientes, la casa de Elrond el medio-elfo? Hay que decir que el don especial de esta casa consistía en elegir su linaje. De aquí del nombre de medio-elfo.

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Cabe preguntarse si existen otras dualidades en el submundo de Tolkien. Aparecen claramente relaciones que estrechan la distancia entre elfos y valars. También, aunque más que en la obra por el ejercicio de la mente entre valars y hombres. Son temas a tratar que no pueden quedar fuera de esta disertación. Sin embargo no se trata de las únicas estirpes bien delineadas en su obra.
Existen los hobbits que son sin duda uno de los elementos humanos más importantes en toda su obra. Hay que decir que, al menos en las obras mencionadas, no existe una genealogía de los hobbits (quizás emparentados con los Edain). Esto podría querer decir que surgen más de una realidad no muy tenida en cuenta hasta avanzada su obra. Los elementos Edain y Elfo, así como Valars y otros son perfilados ya desde muy temprano (empezó a escribir sus primeros cuentos a los 17 años), lo que hace pensar que los hobbits solo obtienen condición de conscientes o reales ya muy avanzada su obra. Probablemente mientras escribe “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos”. Pongamos que a finales de los años 30, principios de los 40. Esto querría decir más de 20 años después de empezar a escribir. Quizá se le ocurriera algo antes pero no tuvo forma de que formaran parte de su mundo más que después de mucho tiempo, y solo las tuvo en cuenta a partir de novelas, esto es, en entornos literarios que no le pedirían una genealogía o una creación o derivación. Los hobbits forman parte de una obra literaria “mucho menos seria” que la colección de cuentos que formaban su mitología. Así el elemento humano hobbit vuelve a ser un elemento inclasificable, difícilmente explicable.
¿Cómo seguir? Queda la dualidad irreconciliable Elfo-Hombre. ¿Puede una multitud de dualidades y de relaciones entre todas las facetas del ser humano ser suficiente para romper la irreconciabilidad o incluso introducirá nuevas contradicciones humanas? En cualquier caso, para nuestro cometido todo valdrá, incluso si el hombre termina resultando un ser contradictorio en su misma constitución. Eso no nos alejará del hombre auténtico más que un poco...